Este es mi humilde reconocimiento a esos lugares grises, a menudo inmundos y putrefactos, que no salen en las guías para turistas. Aquí nos perderemos en calles penosas, descubriremos rincones mierdosos, seremos seducidos por la vulgaridad impregnada de heroína en sus polígonos y la gilipollez de unas gentes ansiosas por entrar en al vagón del metro empujando inmisericordes y atropellando en las escaleras mecánicas como si el puto fin del mundo fuera a acontecer ante sus ojos.
Mis primeras entradas a esos lugares deleznables y sórdidos con aliento a metadona, estarán dedicadas a Cornellà, mi patria chica.
Cornellà es lo que podríamos llamar un distrito con ayuntamiento. Es un territorio de 6,9 km2 con cerca de 90.000 personas viviendo en ellos. Más de la mitad de su suelo urbanizado es industrial y está cercenado por infraestructuras metropolitanas. Sus niveles socioeconómicos presentan... Bueno, tampoco vamos a aburrir con cifras que a nadie le importan. Aquí venimos a hablar de arte, cojones. Este suburbio que desde hace décadas forma parte de la trama urbana de Barcelona, tiene varios monumentos y emplazamientos a tener en cuenta; a ellos vamos.
La locomotora.
Esta máquina increíble ha vivido la droga y la depravación. Ha resistido en su interior el vandalismo prepuber y en su exterior la violencia adolescente ha grabado sus marcas tribales. Otrora maquina portentosa, en un mundo cambiante y voraz, se genuflexiona a las velocidades imposibles del TAV, pero para la locomotora de la carretera de Esplugues la belleza permanecerá incólume por siempre jamás.
El bloque largo.
Sito en la popularmente conocida calle del coño, llamada así porque se levanta el viento con virulencia. "Pero no es el bloque más largo de Connnellà", me decía un colega, ignorante como pocos. Efectivamente, mi desinformado amigo tiene razón, pero por eso mismo se le llama bloque largo y no el bloque más largo. Aunque realmente son 12 bloques superpuestos. Pero oye, el Barrio Gótico es de cartón piedra y nadie dice "vamos al barrio neogótico a comprar unas birras de lata".Como dato anecdótico, reseñar que enfrente se halla la Plaça Catalunya de Cornellà, lugar de emotivo encuentro generacional entre niños y ancianos: Unos jugando a la pelota y los otros deseando pincharla.
El paseo del colesterol.
Al final del paseo se alza magnificente la Torre de la Miranda, empequeñecida por los galantes edificios de 11, 13 y 18 plantas que la cercan. Pero la hermosura de este paseo de la fama para atletas de la petanca, radica en su función de mirador. Sus hermosas vistas a algunos de los polígonos más destartalados y cochambrosos de El Prat, Cornellà y L'Hospitalet embelesan al visitante. Los más sensibles al arte no podrán reprimir sus lágrimas. También se divisa una MontjuÏc menospreciada ante la belleza incontestable de los barrios desarrollistas de Bellvitge y Can Serra. Aquí es cuando esas personas impresionables pueden morir ahogadas en su propio llanto.
El Paseo del Colesterol es una sucesión de emociones indescriptibles, pero moribundas, deleznables y espantosas se acercarían bastante a la idea.
Continuará...


2 comentarios:
¡Genial!
Leer entradas como esta es de lo más terapéutico.
Publicar un comentario en la entrada